En la carta que el apóstol Pablo dirige a los Efesios, hallamos por un lado el propósito de Dios a favor de los creyentes, y por otro, la gracia de Dios que trae salvación a todos los hombres.
Aprendemos que la Iglesia, aunque formada en la tierra y subsistente en el tiempo, pertenece al cielo y fue concebida en la eternidad y para la eternidad.



