Dios mismo ha encargado a algunos de sus siervos la preciosa tarea de cuidar a los suyos. A estos les ha dado el gran privilegio y también la responsabilidad de ser los instrumentos del Buen Pastor, es decir, del Señor Jesucristo.
No es un trabajo para cualquiera, pero cada creyente tiene el privilegio y la responsabilidad de cuidar y ayudar a su hermano en la fe, en su andar con el Señor.


