El creyente puede hoy, conducido por el Espíritu Santo, considerar en en los sacrificios de antaño numerosas imágenes y diversos aspectos del sacrificio perfecto que debía ser cumplido en la cruz.
Podemos considerar así, la muerte del Señor Jesús, » la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecho una vez para siempre» (Hebreos 10:10).



