La primera epístola de Juan trata de la vida eterna manifestada en Jesús e impartida a nosotros. En esta vida los creyentes gozan de la comunión con el Padre y con el Hijo. La persona del Hijo – la vida eterna manifestada en carne – es, pues, el precioso tema de la carta.
La segunda epístola pone a los fieles en guardia contra los que no enseñan la doctrina de Cristo, mientras la tercera anima a los creyentes a que reciban y ayuden a los hermanos que enseñan dicha doctrina.
La epístola de Judas relata la apostasía de la cristiandad desde que los primeros elementos se infiltraron en la Iglesia para corromperla, hasta su juicio, cuando nuestro Señor se manifieste.



